Más de una década conectando con la minería: Lo que la pantalla no puede resolver

31 de mayo de 2026

Por Omar Arévalo MendozaAntara | Systems Engineer

Llevo más de una década en contacto directo con clientes y, si algo he aprendido en este tiempo, es que la forma de comunicarnos puede cambiar, pero la esencia de la colaboración sigue siendo la misma.

Mi rol ha ido evolucionando desde aquel soporte técnico inicial de aplicaciones, pero hay algo que mantengo como una prioridad personal: el contacto directo. Aunque hoy mis responsabilidades sean distintas, estar cerca del usuario es la única manera de conocer, de primera mano, los “dolores” reales y los desafíos que enfrentan diariamente los clientes mineros en nuestra región de Antofagasta.

Mirando hacia atrás, es increíble ver la transformación que hemos vivido en el norte:

  • El inicio: Todo eran visitas a faena, llamadas y esa cercanía que solo da el café compartido en el campamento.
  • La transición digital: La llegada de WhatsApp, Zoom y Teams nos dio una agilidad necesaria, y tras la pandemia, estas herramientas se volvieron obligatorias para mantenernos operativos en toda la región.
  • El presente híbrido: Hoy, gran parte de nuestra comunicación sigue siendo virtual, pero el regreso a las visitas presenciales me ha recordado un valor fundamental que en Chile valoramos mucho: la confianza del “cara a cara”.

La visita a faena no es el único camino para resolver un problema, pero sí el cimiento para que todo lo demás fluya. No se trata de que lo digital no funcione; se trata de que, una vez que conoces a la persona detrás de la llamada o de la cámara apagada, la relación se transforma. El contacto directo es el “lubricante” que hace que la comunicación virtual posterior sea mucho más fluida, cercana y eficiente.

Al final del día, no somos solo sistemas o procesos; somos personas ayudando a personas. No hay nada más reconfortante que ver cómo nuestro trabajo facilita la jornada de aquellos con quienes compartimos una charla amena o un almuerzo en medio de la dura jornada minera.

Para cerrar, quiero dar las gracias. Gracias a cada persona con la que me ha tocado comunicarme en estos más de diez años, ya sea a través de un chat, una reunión virtual o un apretón de manos en plena faena. De cada interacción en esta región, de cada problema resuelto y de cada conversación, siempre me he llevado una enseñanza.

Hoy, el desafío está en encontrar el equilibrio perfecto: aprovechar la velocidad de la tecnología sin perder esa calidez humana que define nuestra industria en Chile.

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