En el mundo MiningTech hablamos mucho de innovación, eficiencia y optimización. Invertimos tiempo, recursos y talento en el desarrollo de tecnologías capaces de predecir fallas, optimizar operaciones y mejorar la toma de decisiones críticas en la minería. Sin embargo, en paralelo, muchas veces nos enfrentamos a una tensión recurrente: la dificultad para encontrar perfiles que combinen el entendimiento de la industria minera, la experiencia en terreno y el dominio tecnológico.
Y quizás ahí vale la pena hacernos una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿realmente ese talento “perfecto” escasea o hemos puesto demasiadas expectativas en encontrarlo ya listo?
La minería tradicional, con todos sus desafíos y complejidades, lleva años enseñándonos algo valioso: la preparación de las personas no es un tema accesorio, es parte central del negocio. En una industria en la que están en juego la seguridad, la continuidad operacional y las decisiones de alto impacto, formar a la gente nunca ha sido opcional.
Tal vez esa sea una de las lecciones más relevantes que las empresas de MiningTech podemos mirar con mayor atención.
Hoy muchas compañías tecnológicas buscan perfiles híbridos muy difíciles de encontrar: personas que entiendan la operación minera, hablen el lenguaje técnico del cliente, se muevan con soltura en terreno y, además, dominen herramientas digitales, datos, automatización o inteligencia artificial. Pero más que asumir que ese perfil debe venir completamente construido desde afuera, quizás el desafío está en crear mejores condiciones para desarrollarlo desde adentro.
Entrenamos algoritmos, pero ¿y nuestra gente?
Como plantea Leo Prieto en su columna «¿A quién estamos entrenando?», vivimos una paradoja interesante: estamos perfeccionando el entrenamiento de las máquinas, mientras que muchas veces subestimamos el entrenamiento de las personas. Y en industrias como la nuestra, esa brecha puede resultar especialmente evidente.
Porque en MiningTech no solo necesitamos tecnología más sofisticada. Necesitamos también equipos con mayor comprensión del negocio, mayor cercanía con la operación y mayor capacidad para traducir problemas reales en soluciones valiosas. Eso supone mirar el talento de una manera distinta.
Supone dejar de pensar solo en el ajuste inmediato al cargo y empezar a valorar con mayor fuerza el potencial de aprendizaje, la curiosidad por la industria, la motivación para entender al cliente y la capacidad de crecer en contextos complejos. A veces, una persona que aún no conoce del todo la minería, pero tiene hambre de aprender, humildad para escuchar y capacidad para conectar disciplinas, puede generar mucho más valor que alguien que cumple en papel con todos los requisitos, pero no logra construir una comprensión real del problema.
En esa línea, una idea de Adam Grant en su libro “Dar y Recibir” resulta especialmente acertada: la motivación a menudo antecede al desarrollo del talento. Y en sectores donde los desafíos son tan específicos, esa motivación puede marcar una diferencia decisiva.
Del escritorio a la planta: El valor de «ensuciarse los zapatos»
En Antara y Aisoncore lo vivimos de cerca. Nos pasa algo muy valioso: muchos de los developers que se suman a nuestro equipo llegan con una motivación que nos encanta: la curiosidad genuina por conocer en persona una operación minera.
No nos quedamos solo en el deseo. Siempre que las condiciones de seguridad y la confianza de nuestros clientes lo permiten, llevamos a nuestros devs a terreno. No es un paseo; es una inmersión. Queremos que vean los procesos, que sientan la rudeza del ambiente, que entiendan la escala y, sobre todo, que escuchen de primera mano las problemáticas de quienes operan.

Hemos comprobado que cuando un dev entiende el «dolor» real detrás de un dato, la solución que diseña es mucho más certera y simple. Ese contacto con la realidad es lo que transforma a un buen técnico en un aliado estratégico de la industria. Esto va a ser cada vez más relevante, toda vez que, con IA, pasan de desarrollar código a crear y orquestar soluciones.
El Desafío para las MiningTech
Cuando una empresa expone a sus equipos al terreno, los acerca al cliente, les da contexto operativo, les permite entender los dolores reales de la industria y les entrega espacio para aprender, no solo está capacitando. Está formando criterio. Está construyendo mejores preguntas, mejores decisiones y, en definitiva, mejores soluciones.
Probablemente no se trata solo de seguir buscando el talento perfecto. Se trata también de desarrollar talento con intención.
Porque la tecnología, por avanzada que sea, no reemplaza la comprensión humana de los contextos en los que opera. Y en una industria tan desafiante como la minería, esa comprensión no surge por sí sola: se entrena, se acompaña y se fortalece.
Quizás una parte importante de la ventaja competitiva en los próximos años no esté solo en las soluciones tecnológicas que construyamos, sino también en la capacidad que tengamos para formar personas capaces de entender en profundidad la industria que buscamos transformar.